Por la cuenca del Pisuerga
un gran conde cabalga
seguido de sus vasallos
de armadura y recia espada.
En la vega de Aguilar
descansa la cabalgada
dispuesta para yantar
y a sus caballos dar agua.
Tras austero refrigerio
el tropel se pone en marcha
tomando "las angosturas"
que hasta Nestar les llevara.
Marginando el Rubagón
río arriba, en lontananza,
las maravillas del Valle
extasiados contemplaban.
Alegre avanza el tropel
entre praderas y matas
del Valle de Santullán
circundado de montañas.
Pensativo el conde bueno,
su posesión visitaba
de sus aldeas y pueblos
le reciben sus mesnadas.
La paz vivía con ellos,
Cantabria gozaba calma,
las tierras de su condado
Conde Munio revistaba.
El sol declina en el Valle,
tras las montañas de Nava
irisando de colores
bosques, praderas y brañas.
Satisfecho el conde Munio
a Brañosera llegaba
por las frondas de "Pedrosa"
de osos y corzos morada.
Al pasar junto al trigal
Munio fijó su mirada
en gentil bella amapola
de aquesta manera hablara.
- ¿Quién te dio el verdor
que en tu pecho luces,
gallardo jinete
de ojos azules?
-Y a ti, ¿quién te encendió
el pecho de grana,
bermeja amapola?
- Me encendió la tierra
en su entraña.
- Pues ven a mi pecho
junto a mi esmeralda
verás que bonito
conjunto resalta
prendiéndote juntos
el verde y el grana,
el grana es cariño,
el verde esperanza,
amor que es de madre,
la Tierra que es santa.
En ella nacimos
y a ella le canta
el fino poeta
su dulce sonata.
Bajó del caballo
y en tierra su planta,
tomó la amapola
en ávida pauta.
Prendiéndola en su pecho
junto a su esmeralda
uniendo un cariño con una esperanza.
Volvió a montar su caballo
y en Brañosera, a la entrada
el buen conde enamorado
en su interior meditaba...
¡Brañosera, Brañosera!
eres mi verde esmeralda,
mi sangre, de amor bermeja
sólo por tu amor donara.
Me duele ver a tus hijos
sin gobierno, en desbandada.
Haré de ti Ayuntamiento
¡quedes por siempre ayuntada!
Al salir de Brañosera
tornó el conde su mirada
¡adiós, mi Braña querida!
¡adiós, predilecta amada!
Te juro que pronto vuelvo
adiós, dulce enamorada.
Te dejo como recuerdo
la amapola y mi esmeralda.
Guárdalas junto a tu pecho,
entre tus cumbres nevadas,
que llevan en sus colores
signos de amor y esperanza
Según consta en los anales
de la historia de mi pueblo
nieto fue Fernán González
de aquel noble caballero.
Munio Núñez se llamaba
hombre de pro, conde bueno
que en Brañosera fundara
el primer Ayuntamiento,
de Castilla Municipio
independiente ¡el primero!
gloria y prez de aquel Condado
allá, en el siglo noveno.
El Abuelo y el sauce
Un sauce lloraba junto al arroyuelo,
porque ya el abuelo no ha vuelto al lugar
donde placentero fumaba un pitillo, y solía cantar.
Minero, minero soy de las minas de Orbó,
silicoso y sin consuelo por no poder trabajar.
Sólo me queda esperar a que éste, mi cuerpo inerte,
pronto le abrace la muerte y le lleve a descansar.
En sus soledades, el viejo minero, cual fiel compañero
fue al sauce a contar sus cultas penas de toda una vida
ingrata y vencida por poco jornal.
Al cielo clamaba el sauce con su brillo lastimero,
y en la torre, el campanero la campana hizo doblar.
Silbo y tañido fundidos en son de plena oración
a Dios implora perdón para el minero caído;
las gentes del pueblo su duelo expresaron,
después adornaron la tumba de flores,
rezaron las preces de acción funeraria,
y triste plegaria de amor y dolor.
La voz de un coro de pinches que también
fueron mineros, rinden honores postreros al
abuelo que finó, briosos pero apenados, lanzan
su canción al viento mostrando su sentimiento
con fúnebre y triste adiós.
Y allá en el silente y tranquilo arroyuelo
donde fue el abuelo su culta a cantar.
Minero, minero soy de las minas de Orbó,
silicoso y sin consuelo por no poder trabajar.
Sólo me queda esperar a que éste, mi cuerpo inerte,
pronto le abrace la muerte y le lleve a descansar.
A todos aquellos nobles y honrados mineros del valle de Santullán que padecen silicosis o quemaron su juventud en las negras entrañas de la tierra.
En señal de muy franca solicitud
Admirando su valía y la grandeza,
en el arte del buen compositor
rezumando melancólica tristeza
hoy el pueblo le agasaja con amor.
Con gran entusiasmo amenizaba
Bautizos y Primeras Comuniones.
La magia de su música alegraba
de los niños sus limpios corazones.
También en las Bodas o Esponsales
alegró a los novios zalameros.
Mitigó el dolor en funerales
celebrados en honor de los mineros.
Leoncio: el armonio de la Ermita
solitario y silencioso yace triste
como muestra de su pena infinita
quedó mudo desde el día que te fuiste.
Ya no suenan sus escalas musicales
ni sonoros aspergios de dulzura,
No se oyen las notas que a raudales
le arrancaron tus dedos con mesura.
Con muy tierno fervor acariciabas
sus teclas de azabache y de marfil,
sin saber cuan triste nos dejabas
aquel día fatal del mes de abril.
El Himno que entre ambos construimos
como muestra de amor a nuestro pueblo,
exento de pasiones y egoísmos
sea signo de esperanzas y consuelo.
Yo compuse con mis versos las estrofas
Para un Himno de nostalgia evocador.
Tu pusiste las notas melodiosas
Que en la Ermita resuenan en tu honor.
Granada, 29/11/94
Una visita a Palencia.
Con grande celebridad
en las armas y en la ciencia
fue la ciudad de Palencia
primera universidad.
Es muy digno visitar
sus monumentos romanos,
la “ruta de los pantanos”
y el gótico medieval.
Contemplar l a Catedral
(La bella desconocida)
es cosa que ya en la vida
jamás se puede olvidar.
Se recrea el corazón
paseando en el sotillo
a la vera del Carrión
en el caluroso estío.
Hay muchas gentes que van
a pasear al Salón,
jardines de la Estación
o a la Huerta Guadián.
Otros suben al Castillo
de la Villa de Monzón
para ensanchar el pulmón
y tomarse allí un vasillo…
Mirando con atención
esa fluvial maravilla
del gran Canal de Castilla,
arteria del corazón
de la tierra palentina
que su mano campesina
labra con viva ilusión
de una esperanza genuina
cual significa el color
de aquel verde y ancho mar
de trigales que han de dar
su tributo al sembrador.
Al regresar de Monzón
muy bien se puede parar
para admirar y rezar
al Sagrado Corazón.
Atento, cual buen Pastor
en un cerro placentero
se alza el Cristo del Otero,
signo de fe evocador,
refugio y paraje de amor,
donde la Grey palentina
confiada peregrina
para implorar su favor.
…Y antes de ir a cenar
de forma clara y expresa
es delicioso tomar
un pincho en La Carrionesa
y después a descansar
para poder madrugar
y visitar bien Palencia
Ciudad de Armas y Ciencia
Que es heráldica genial.